Esa misma duda de quién soy yo filosóficamente hablando, es lo que nos trae en esta ocasión, a conversar un poco sobre el existencialismo desde la reflexión, que a lo largo de los años se ha hecho sobre esta gran interrogante.

Plantear la duda del quién soy, ha sido una búsqueda muy común de aquellos que quieren encontrar un sentido lógico y racional a la vida. A nuestro paso por este mundo, queremos descubrir el propósito por el cual venimos y nuestra función específica.

Quién soy yo

Es evidente que la duda que titula este artículo rige la vida de todos nosotros, logrando encausarlas o estancarlas en ocasiones.

Seguramente te has hecho en tu camino individual, alguna de estas preguntas: quién soy, a dónde voy, qué me mueve para ser lo que soy, por qué no soy aquello sino esto y por qué puedo ser esto deseando aún más ser aquello”.

Para darle sentido al proceso reflexivo que da la vida a esas dudas, existe algo denominado la filosofía, cuya misión es apoyarnos con diversas herramientas para cuestionar absolutamente todo, incluyendo lo que ya existe.

Distintas corrientes han sido eje de estudio a lo largo de los años, retomando el existencialismo, una vigencia maravillosa en el pensamiento del hombre actual, en su cotidianidad, costumbres y manera de enfrentar y reaccionar ante la vida.

En pleno siglo XXI, la filosofía retoma más trascendencia que nunca, debido al legado de grandes maestros a lo largo de la historia, que han dejado sus obras como punto de partida, para adentrarnos en el universo de la mente del pensamiento existencial.

Quién soy desde el existencialismo

Definir la existencia en un solo artículo, es algo complejo por su capacidad infinita y diferentes matices, en cuanto a opiniones y ensayos sobre su verdadero significado. Por ende, la verdad absoluta en este caso, únicamente serán las conclusiones subjetivas a las que se llegue al final del artículo.
Kierkegaard y Sartre se encargaron de presentar mediante sus obras, las reflexiones más grandiosas sobre esta corriente de pensamiento humanístico, asentando sus bases para el futuro.

El individuo como ser libre y responsable

Para Kierkegaard, el aspecto principal estaba en el individuo como ser libre y responsable desde lo más subjetivo de su esencia. En ese caso, descarta la objetividad de sus acciones como motor externo. El poder de todo individuo, se encuentra en su voluntad.

Sartre nunca dejó de creer e insistir en que el hombre se hace a sí mismo y que por consiguiente está condenado a ser libre. Por ello, el corazón de su filosofía era la noción de libertad y de responsabilidad personal.

Savater escribió en su libro “La Aventura del Pensamiento”, que en el hombre no existe una esencia, a la que los individuos se ajusten. Más bien, la existencia de cada uno, al ir realizando su libertad en las diversas situaciones que les toca vivir, determinan lo que exactamente son.

Nietzsche fue otro excelente exponente del existencialismo, trascendiendo su aporte de pensamiento, al punto de elevar al hombre a importantes niveles de libertad de conciencia y razón.

Lo que llevó a estos pensadores a resolver la incógnita del ser, fue estudiar sus espejos y sombras, para así darles sentido pleno desde una individualidad consciente, desde su estado de libertad y vulnerabilidad en su máxima expresión.

Escuelas existencialistas

A efectos de adentrarnos en las raíces de esta rama del pensamiento, vamos a revisar las escuelas que representan este ámbito de la filosofía y literatura universal. Actualmente, se consideran 3 tipos de escuelas existencialistas: el existencialismo cristiano, el
agnóstico y el ateo.

El existencialismo cristiano

Encuentra sus bases, en la presencia de un Dios creador, capaz de darnos vida y muerte. Como corriente del pensamiento filosófico, se sustenta en la Biblia.

El existencialismo agnóstico

Considera que no existe una evidencia definitiva a favor o en contra de la presencia de Dios.

El existencialismo ateo

Descarta de manera rotunda y absoluta, la creencia en un Dios como ser superior capaz de crear vida.

Todas estas escuelas se encargan de responder, desde sus posiciones y cuestionamientos fundamentados, la pregunta del “quién soy yo”. Ese es el objetivo de su estudio, darle razón a aquello, que para muchos no tenía razón.

Sobre la duda del quién soy yo

Estos cuestionamientos sobre el propósito del hombre en su tiempo, han sido denominados crisis existenciales, cuando se tornan en procesos depresivos y de ansiedad. En los que el individuo se siente profundamente inconforme con su presente.

Responder la duda del dime quién soy yo, implica procesos profundos de revisión personal y un confrontamiento con la sombra, ya que, sin detenerse a este encuentro con uno mismo, será imposible que el individuo responda la duda focal que guía su crisis.

Un error muy frecuente, es buscar la respuesta a la duda del quién soy en el afuera y pretender que los demás, son los responsables de darle sentido a nuestra existencia, teniendo la inconformidad como bandera.

La esencia de existir y el verdadero milagro, lo representan la aventura misma de pensar, cuestionarnos, reflexionar, enmendar y tener la conciencia absoluta, de ser tan responsablemente libres como queramos.

Por ello, la libertad no es una abstracción imposible, resultando solamente en una idea, a la que hay que ponerle empeño y alcanzarla desde un nivel de conciencia responsable. Esto es la base del verdadero pensamiento existencialista moderno.

Cuando comiences a preguntarte quién eres, la respuesta correcta siempre estará en tu condición de ser libre. Ahí está el sentido pleno y absoluto de la esencia de la existencia, combinando pasado, presente y futuro en un perfecto orden.

Lo cierto es que el laberinto se vence a cada paso consciente y nada podremos develar de este camino, sin mirarnos en ese espejo donde se evidencian todas las respuestas, para darle sentido al milagro de existir.

Si Sartre aún estuviese vivo en estos tiempos modernos y que no estuviéramos enfocados en una cultura de filosofía existencial, seguramente dejaría de ser existencialista, para comenzar a ser un poco más libre y menos racional.

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